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POBLACION

La población total (rural y urbana) de la localidad de Barrancas según datos del último censo realizado por el INDEC en el año 2001 es de 4.389 habitantes (2.107 varones y 2.282 mujeres), mientras que en el censo de 1991 ascendía a 4.031 habitantes.

La densidad poblacional dentro del Departamento San Jerónimo es de 18 hab/km2, siendo su población total de 77.170 habitantes y su superficie de 4.282 Km2 .

Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)

ASPECTOS FISICOS

Clima

Prevalece un clima templado con características pampeanas; no registra calor extremo ni frío intenso. La humedad es abundante debido a las precipitaciones, que son más intensas en verano y caen armónica y regularmente durante todo el año. La variación de la temperatura es acentuada entre las estaciones, con una temperatura anual promedio que ronda los 21 ºC. Las lluvias anuales rondan entre los 800 y 1.100 milimetros. 

Relieve

Desde el punto de vista del relieve, forma parte de la gran llanura que caracteriza a la parte noreste del país, apenas ondulada en algunas regiones (especialmente en el norte), y sólo interrumpida por el curso de ríos y arroyos. La región cercana al Paraná es anegadiza por lo que las aguas de las crecientes suelen cubrirla con frecuencia. Este paisaje de llanura tiene una superficie formada por loess y limo. El loess es la roca que forma su suelo; su color es pardo y su estructura porosa, lo que permite que penetren el agua y las raíces. Puede formar capas de pocos centímetros u otras de cinco y más metros. El limo, que también cubre el suelo, es un material compuesto por elementos finos que se encuentran depositados en los lechos de los ríos y son arrastrados por las aguas.

Flora

Esta región ha sufrido cambios por la acción del hombre. Las hierbas que lo cubrían, formando un mar de pastos, fueron reemplazadas por cultivos y montes de árboles exógenos, como paraíso, el álamo, el eucalipto, la acacia, el pino y el plátano.

Antiguamente esta pradera se veía interrumpida por algún solitario ombú, especie que todavía se observa en la región. Al no haber gran cantidad de herbívoros, los pastos se desarrollaban luego morían, formando pajonales secos que enriquecían el suelo con materia orgánica, pero dejaban pobre en nitrógeno.

Estos pastos, generalmente gramíneas, eran azotados en ocasiones por incendios que arrastraba con los pocos árboles existentes. A orillas de los ríos, especialmente sobre el Paraná, la vegetación era distinta, con montes de sauces, ceibales, aromitos, ombúes, laureles, aguaribayes y algarrobos. Su multiplicación hizo posible que sus excrementos y residuos enriquecieran el suelo con nitrógeno, siendo reemplazado el pasto duro paulatinamente por pasto verde y tierno.

En el verano, el calor y las lluvias irregulares ralean la vegetación. Durante el resto del año prosperan los cardos, el yuyo colorado, la manzanilla, la malva, la verbena, el alfilerillo, la cepa caballo, el abrojo, la cicuta y el cardo. Bordeando el do Paraná, como prolongación de la selva misionera que en esta zona se encuentra disminuida, crecen bosques que cubren más de un millón de hectáreas, en los cuales se pueden distinguir ceibales, laureles, timboes blancos, sauces criollos , alisos del río y el ombú.

Fauna

Esta región ha sufrido cambios por la acción del hombre. Los animales eran escasos. Los más comunes eran el venado el ñandú, el peludo, la mulita, el zorro pampeano, la vizcacha, el puma y el gato de los pajonales. Entre las aves destacaban las carniceras, como el chimango y el carancho, además del tero, el chajá y el loro.

Además de la fauna mencionada para la llanura, a orillas de los ríos, especialmente sobre el Paraná existía allí una gran variedad de reptiles, como la temible serpiente yarará, junto a lagartos, batracios y muchas aves. Entre estas últimas se contaban las perdices, el chorlo, la lechuza, el búho, el colibrí, el hornero, el benteveo y el tordo.

Al llegar los primeros europeos a la llanura pampeana, a mediados del siglo XVI, comenzaron los grandes cambios. Trajeron caballos y vacunos que se hicieron cimarrones y empezaron a poblar la llanura. La abundancia de alimento y la ausencia de grandes carniceros favorecieron su rápido desarrollo, compitiendo con especies autóctonas como el venado y el ñandú.

La caza para obtener cuero y sebo, las guerras civiles de la primera parte del siglo XIX y los malones de los indígenas hicieron que el ganado cimarrón comenzara a desaparecer. Fue reemplazado por otras razas bovinas y caballares, más apropiadas a las nuevas actividades agrícolas y ganaderas, a partir de 1870 cuando comenzó a llegar el aluvión inmigratorio.

Los cultivos y la ganadería no sólo diezmaron el ganado cimarrón, sino también a venados, ñandúes y casi toda la fauna terrestre. Del mismo modo, la mayor parte de la flora y fauna a orillas del río Paraná se extinguió debido a la instalación de infraestructura portuaria y de servicios. Lo que se mantiene hasta hoy es parte de la avifauna que habita en los nuevos montes, plantados como pantalla de vientos para proteger el ganado y los cultivos.

La fauna ictícola está compuesta por más de 200 especies, entre las que se destacan diversas clases de peces: armado, surubí, patí, dorado, sardina, sábalo, manduví, anamengüí, boga, pacú y dientudo.